Y no, no me refiero a menearse la sardina en Gandía o en Torremolinos, ni ir al norte a tirarse de un acantilado o a un barranco en algún lago del interior (que oye, también tiene su gracia, aunque te puedes quedar tetraplejiquillo, como dice Flanders).
No, me refiero a los juegos que he ido tocando desde que recogiera orgulloso los resultados de este primer año de carrera.
Al principio, y tras organizarme un poco lo que iba a hacer en los 3 meses y pico de vacaciones estuve jugando al Football Manager 2010 y haciendo historia con mi Manchester City, pero cuando ya tenía a Messi, Cesc, Ribery, y se ha ganado todo lo que se puede ganar, pues me cansé.
¿Qué me compro? Lo primero que se me vino a la cabeza fueron Borderlands, Assassins Creed 2 y Bioshock, pero por una cosa o por otra me decidí por Starcraft II, cuya campaña me duró varios días de diversión.
Ya he comentado en el post oficial casi todo lo que se puede decir del juego. Una historia entretenida, un online con un ritmo que te prohibe relajarte si no quieres verte reducido a cenizas por el guiri de turno, unos diseños espectaculares, una calidad gráfica notable, un doblaje muy bueno, una banda sonora redonda, etc.
El juego se hace corto, aunque no lo es, y te deja con los dientes no largos, larguísimos, en la espera (amenizada sin duda por el multijugador) de la segunda entrega.
Ya tengo un título multijugador ¿y ahora? Pues decidí darme una vuelta por un centro comercial sevillano una tarde (uno de los pocos lugares en los que se puede vivir en verano en sevilla fuera del "gélido" hogar) y me vi con Splinter Cell Conviction de segunda mano por 33€ y con Red Steel 2 por 30 en otra.
Aunque soy fan de la saga de Sam Fisher, me decanté por el shotter de wii, más que nada porque me da coraje no usar un trasto que me costó 250 pavos.
¿Con qué me encuentro al empezar a jugar? Pues, además de un dolor de ojos por la ausencia de HD, con un título muy muy vacío. Plano. Poco profundo. De nuevo un juego de Wii no me invitaba a jugar, sólo me da para media horita al día como mucho, por aquello de dar ostias al aire y matar un par de clónicos personajes a sablazos o con mi pistola.
No hay argumento, por mucho que haya una línea argumentativa. Transformer también tiene "eso", pero no podemos llamar argumento a todo lo que te cuente un a,b y c, al igual que no podemos llamar gazpacho a los zumos de tomate que venden en los supermercados con la coletilla de "el de toda la vida, con aceite de oliva virgen extra".
Los diseños están bien, está trabajada la mezcla de estilos (japonés, western y futurista), el control es mucho mejor y preciso que el del original, el control de la espada es más fiel (de nuevo comparando con el original) y hay más variedad de objetivos (que, sí efectivamente, el original). El doblaje es justito y la banda sonora es discreta.
No se a qué se debe el que un juego no te atraiga más que por contar con un control diferente, le falta la chispa que sí tienen otros muchos títulos (joder, es que hasta el juego de Conan tenía un encanto que te invitaba a continuar, aunque fuera una cutrecopia de God of War).
Yo sólo lo recomendaría si quieres jugar a algo que no sea un party game y/o quieres buscar algo de mínima calidad para la
polla doblada que nos metió nintendo consola de nintendo.
No me lo he acabado, pero mientras lo he ido intercalando con Mirrors Edge, que muy amablemente me prestó un amigo.
Con el título de DICE voy a ser explícito: es un gran juego que entretiene de principio a fin, aunque sea algo corto.
Ahora que me queda un mes y medio he decidido ir a por Mafia II, que creo será, junto a Starcraft II, de lo mejor del año.