Este fin de semana he estado jugando a ritmo de maracas… o del sucedáneo de ellas que es el WiiMote. Y esto me ha conducido a una reflexión. No se trata de una reflexión demasiado profunda, pero he tenido sentimientos encontrados. Por una parte, el juego en sí ha mejorado bastante en cuanto a su versión de Dreamcast (más canciones, más subjuegos, mejores gráficos…), pero por otra algo ha cambiado: me he sentido tonto jugando. Y he aquí el quid de esta reflexión.
¿Es la edad la que me ha hecho experimentar el juego de forma diferente a su predecesor? ¿Estaba yo más abierto a este tipo de juegos cuando tenía mi flamante Dreamcast? Podría ser, pero no lo creo. Por lo contrario, lo que encuentro realmente interesante es el cambio de tendencias histórico, que voy a pasar a a comentar.
En el año 2001, cuando compré de importación las maracas de Samba de Amigo, todo era diferente. No había eBay ni mandangas (sí, jovenzuelos, hubo un tiempo en el que era difícil comprar por Internet). Obtener las divertidísimas maracas rojas, con sonidos reales y luces alrededor cada vez que las agitabas, era un logro al alcance de pocos. Y una vez lo conseguías, lo guardabas como el objeto de coleccionista que era. Tener este dispositivo te concedía el dudoso honor de ser el tío más friky de la clase, el amante más chic de la cultura japonesa. Todos acudían a ti cuando se trataba de algún tema relacionado con videojuegos pues eras el jugador más avezado.
Hoy en día, no puedes “fardar” de jugar con unas maracas, sino al contrario: reducir tu experiencia jugable a algo tan casual llega a producir hasta vergüenza en muchos ámbitos. Está mal visto. Lo que antes era el no va más (por ser inaccesible para muchos) hoy es anatema, quizá por ser tan accesible para todos.
Creo que justamente ahí está la clave. Hoy el “raro” y diferente no es el que juega con una maraca, eso tiende a ser más bien la norma. Hoy el “raro” y diferente es el que se tira 8 horas delante de un juego descubriendo todas las experiencias que ofrece en lugar de apagar la consola al cuarto de hora y haber jugado lo más superficialmente posible sin arañar siquiera en la trama del videojuego (en el caso que exista).
Creo que jugadores con solera como JC Denton pueden entender de lo que estoy hablando por haberlo vivido, pero quiero dejar constancia de ello para que los jugadores del sigo XXI no se piensen que la moda actual es la única que ha habido (o que habrá, quizá todo vuelva a cambiar en este mundo cíclico). ¿Qué pasaría si salieran 80 juegos clónicos de MGS o de BIOSHOCK y sólo un juego original y diferente que tuvieras que ir a China para conseguirlo? ¿Y si la Xbox copara el 90% de las ventas, y sólo 1 de cada 10 consolas fuera diferente? Quizá entonces muchos de los que ahora os consideráis hardcore os pasaríais al lado oscuro, por el afán de ver cosas innovadoras, frikis, raras y diferentes. Que más o menos es lo que pasaba en mis tiempos de juventud cuando yo tenía un MSX y el resto del mundo hablaba de Amstradts o Spectrums. Quedáis avisados: hoy ser diferente significa amar los buenos videojuegos y repeler todo lo casual. Pero no siempre fue así… y quizá no siempre lo será.
PD: si esto os ha creado interés, en breve puede llegar mi análisis.