James Bond: 50 años de Servicio Secreto
¿Cuánto sabes de James Bond? ¿Cuánto quieres saber? Acceder a su expediente secreto no está al alcance de muchos, y leerlo supondría una seria amenaza para tu integridad si es que eres enemigo de Su Majestad inglesa. Tras obtener esta información arriesgando nuestras vidas pacientemente durante los 50 años de su existencia, por fin podemos sacar a la luz el expediente más secreto del Servicio de Inteligencia británico. No te sorprendas si tras leerlo se autodestruye. Sólo para tus ojos.
Si el cinismo tuviera un nombre, sería el de Bond… el de James Bond. El hombre del que secretamente dependía la paz en el mundo cuando Tom Cruise y Bruce Willis aún iban en pañales. El hombre que menos gasta en peluqueros pues es capaz de abatir un F16 con sólo una mirada ceñuda y sin despeinarse. El hombre que enfundado en su traje a medida acostumbra a hacer saltar la banca y ligarse a la rubia en una misma noche. En resumen: el hombre que lleva más fantasía en su esmoquin de la que hay en todos los Final Fantasy juntos. Y así nos gusta a todos que sea.
Un mito de varias generaciones
Pocos personajes de ficción tienen la virtud de perdurar 54 años y seguir hoy en día con la misma vigencia que tuvieron en el momento de su creación. Quizá sólo ciertos superhéroes puedan recibir este trato tan exclusivo, y quizá 007 sea justamente eso: el eslabón perdido entre ser un superhéroe y ser un hombre común (con permiso de Batman y del Dioni). Es cierto que medio siglo es mucho tiempo. Y por ello es normal que el personaje se haya tenido que reinventar en varias ocasiones, actualizando con cada etapa alguna de sus facetas. Esto es necesario para matizar sus rasgos y adecuarlos a cada época por la que pasa, pero el caracter inicial y la esencia del Bond de hoy siguen siendo idénticos al del agente secreto de la Guerra Fría. ¿Qué tiene Bond para atraer tanto al hombre más rudo como a la mujer más sutil? ¿Qué le hace tan imperecedero que al final de cada una de sus películas tienes la seguridad de que volverá con más aventuras? Y no es gratuito lo que acabo de decir: al final de los créditos de cada película de 007 aparece la frase "JAMES BOND WILL RETURN", una promesa a la que llevan 48 años sin faltar y que deja a las claras la insultante y demostrada solvencia de la franquicia.

¿Un poquito de descanso?
Hagamos un breve repaso a la historia de nuestro agente secreto antes de la incursión de Bond en nuestras consolas con Quantum of Solace. Desde que surgió de la imaginación del escritor y aprendiz de agente secreto en la vida real Ian Fleming, James Bond ha contado con 21 novelas que han sido fielmente recreadas en la pantalla grande, desde su iniciática “007 Contra el Doctor No”. Una vez agotada la fuente literaria de su creador, fallecido en 1964, su legado será extendido a partir de esta "Quantum of Solace" (número 22) mediante historias nuevas surgidas de un equipo de guionistas cuidadosamente seleccionado. Eternamente unidos a la marca Danjaq, los productores Albert R. Broccoli y su hija Barbara Broccoli (el primero fallecido hace 12 años) han sido sus herederos y quienes ostentan o han ostentado la suculenta licencia para filmar de la serie.
No siempre ha estado tan claro el tema legal; sin ir más lejos, en su dilatada historia Bond ha contado con dos películas desdobladas que merece la pena destacar. Fueron dos películas que a su vez fueron cuatro, y me explico: ante las dudas legales sobre quién disponía de los derechos del libro "Operación Trueno", éste fue llevado a la pantalla grande en dos ocasiones. La primera, con el mismo título, y la segunda haciéndose llamar "Nunca digas nunca jamás" dieciocho años más tarde. La ironía es más marcada si se tiene en cuenta que en ambas ocasiones Sean Connery puso rostro y arte para dar vida a las mismas andanzas del agente secreto, desde prismas ligeramente diferentes (y de paso, lógicamente, cobrando dos veces por un papel casi idéntico).
La otra obra controvertida fue Casino Royale, que si bien ha sido recientemente encumbrada en su segunda versión, también dispuso de una primera absolutamente bizarra y más bien humorística en la que actores dispares hacían interpretaciones disparatadas: los legendarios Peter -Pantera Rosa- Sellers o sobre todo el Maestro ORSON WELLES compartían un mismo papel (cada media hora cambiaba el rostro del actor, pero se nos ofrecía como el mismo Bond; eso sí es un baile de máscaras y no Halloween).
Con toda esta perspectiva histórica, anécdotas incluídas, y tras el rotundo éxito económico de sus dos últimas películas, ni en broma James Bond va a tener el descanso al que alude el título de esta entrega (el “Cuanto de Solaz” en hispánico castizo viene a ser “un poquito de descanso” en una traducción más de a pie). Más bien lo contrario: ya están trabajando activamente en su continuación, que (se rumorea) cerrará la primera trilogía de Daniel Craig como agente secreto al servicio de Su Majestad.
Con cambios, sin rival
He mencionado antes cambios de forma en el personaje, de los que voy a nombrar unos cuantos. El más obvio es el de los actores que han encarnado al agente secreto:
- Sean Connery
- George Lazenby
- Roger Moore
- Timothy Dalton
- Pierce Brosnan
- Daniel Craig
A estos podríamos sumarles los que protagonizaron el primer “Casino Royale”, pero no lo haré pues no forman parte de las encarnaciones canónicas de la serie.
Otros cambios tienen más que ver con el paso del tiempo. Si bien en un principio el cigarro era uno más de los símbolos de hombría de Bond (junto con su pelo en pecho y su socarronería), hoy en día por fortuna ha sido eliminado ese mal hábito de su repertorio de clichés. El que no ha sido eliminado, ni lo será, es el clásico combinado que lo acompaña a donde va: el vodka con Martini. Y líbrese el villano de turno de preparárselo mezclado, pues todo el mundo debe saber que la forma de tomarlo para Bond es agitado (y no mezclado).
El personaje ha sufrido varias crisis a lo largo de los años, y casi siempre han estado unidas a un cambio de actor en la franquicia. Quizá la primera fue la tibieza con la que fue acogido George Lazenby en la serie, que fue fulminantemente cesado tras interpretar su única película: “007 al Servicio Secreto de Su Majestad”. Fue tan fugaz su colaboración como el único momento en el que Bond pareció encontrar reposo amoroso, pues en dicha entrega contrajo matrimonio. Pero éste poco le duró, pues su esposa acabó siendo asesinada a manos de la todopoderosa organización criminal Spectra en su misma Luna de Miel. Aparte de ese momento de fidelidad, es legendaria la erótica del poder que desprende nuestro héroe, y tan imposibles son sus múltiples conquistas como las proezas a las que se enfrenta en cada película.
Siguiendo con las crisis, otra fue la de mediados de los años 80 en la que Timothy Dalton no consiguió mantenter el listón a la altura esperada. Parecía que la franquicia había perdido fuelle de una manera definitiva… hasta que, con cierta tardanza, llegaron la elegancia y la clase de Pierce Brosnan y su Goldeneye para reflotarla al nivel que ésta merece. Este nuevo pistoletazo impulsó la serie cuatro entregas más, hasta que la situación volvió al mismo punto muerto en el que había quedado antes de la incursión de Pierce. Y la cuestión era que hacía falta remozar mucho más al personaje para que calara en las nuevas generaciones de espectadores. No en vano un experimento más que meritorio estuvo a punto de sacar a nuestro 007 del ring cinematográfico: estoy hablando del xXx de Vin Diesel. Para muchos, este agente alternativo tenía la fuerza, la rudeza y el desenfreno que el frío cálculo y el asepticismo de 007 nunca llegarían a tener. Pero entonces llegó Daniel Craig, demostrando que sobre Bond nunca digas nunca jamás. En su trabajo duro y en su rostro más propio de un boxeador, muchos dudaban que existiera un 007. Y no iban desencaminados, pues no existía un Bond. No el de siempre. Lo que hay es un nuevo agente secreto que rompe moldes; más actual, más bestia y mucho, mucho más salvaje. Justo la renovación que la franquicia necesitaba. Además, se buscó un giro en la premisa principal que acentuó esa tendencia, pues ya no estábamos ante las andanzas de un agente en la cumbre y experimentado sino ante un novato que empezaba a descubrir y sufrir los gajes de su oficio. Casino Royale junto con Quantum of Solace son ambas precuelas de la saga entera, y cabe destacar que en este curioso tándem encontramos la primera ocasión en toda la serie en la que una película es continuación directa de otra, en cuanto a guión y personajes se refiere. Pero ni siquiera el esfuerzo del actor (que llegó a romperse un diente en el rodaje de una escena de Casino Royale) parecía complacer a los fans acérrimos de la serie, defensores del estilo clásico del Bond tradicional. Al menos, hasta que el tiempo y el duro trabajo minimizaron las intenciones de la página web creada con objeto de sabotear los nuevos aires del personaje (www.craignotbond.com). Los ánimos de los más persistentes seguidores se calmaron una vez visto el resultado final, y mayoritariamente se ha llegado a aceptar al nuevo Bond como un digno sucesor de los anteriores (e incluso a situarlo como mejor Bond de la historia en muchas encuestas, sorpresivamente por delante de Sean Connery).
Algunos datos de interés
Sigamos hablando del Bond de siempre. Las raíces familiares del personaje son las de alguien que perdió a sus padres en un accidente de montaña y que quedó huérfano desde su más tierna infancia. Sólo desde ese origen se puede llegar a entender el cinismo de su persona, el trato altivo pero cercano que desprende y el desprecio por toda regla que tanto le recrimina Q. Q es el nombre en clave del científico del servicio secreto británico MI6 que se encarga en cada película de facilitar a nuestro héroe todo artilugio fantástico necesario para realizar cada misión secreta. Desde una mochila a propulsión hasta los más fantásticos coches (su histórico Aston Martin del 64 dejó paso a modelos más modernos como el Vanquish, el DB5, o algún BMW) o los gadgets más ridículos/imposibles (un zapato con cuchillo, un bolígrafo láser, y un largo etcétera), todo le es entregado a Bond de manos de Desmond Lewellyn (actor que encarnó a Q desde la segunda película y hasta su lamentable fallecimiento, momento en el que el ex-Monty Python John Cleese recogió su testigo). Con tanta letra en código es normal que el doble cero de nuestro héroe también signifique algo, aunque ya todos lo sabréis: es el código que sólo unos pocos agentes ostentan, y que denota su licencia gubernamental para matar (en casos de emergencia nacional como lo son los de cada película). A lo largo de la serie se conocen otros agentes 00, como el 006 de Goldeneye. Militarmente, no añadiré nada más salvo que el rango de Bond es el de Comandante y que su arma más usada es una Walther PPK 7.65 milímetros.

Otra letra en clave es la de M, jefe con (o contra, como todo jefe) el que tiene que lidiar Bond en cada película, y que ha sido una más de las actualizaciones sufridas por la serie (teniendo en cuenta que a partir de Goldeneye el puesto de M pasó a manos de una mujer, la oscarizada Judi Dench). Otra mujer a destacar en la vida de Bond es la eternamente elogiada pero nunca cortejada Jane Moneypenny. Secretaria del MI6, sigue siendo símbolo horripilante pero kitsch de una época muy pasada pero que ha de tomarse como el guiño humorístico que es.
La resolución de problemas por parte de James acostumbra a flanquear lo imposible, y la salida final de Bond ante tales imposibilidades siempre ha estado revestida de ironía, de una sonrisa en los labios y de una frase a punto de rayar en lo absurdo (pero quedándose en majestuosa chulería). Roger Moore fue quien más a las claras supo cuajar este rasgo del personaje, que en su caso hacía gala de una autoparodia y una ironía propias. Para el recuerdo queda la escena en la que supera un estanque plagado de cocodrilos saltando raudo por encima de cada uno de ellos. O la lección de cartomancia en la que, con un mazo de cartas de comodines (todas ellas), engaña a su chica Bond (pitonisa, para más señas) haciéndole creer que las cartas profetizaban su amor (y dejando el truco al alcance sólo del espectador tras besarla y arrojar las cartas sobre el tapete). Grande.

Debido a la dilatada historia de Bond, no es descabellado decir que no exista personaje con más momentos imposibles en la historia de la ficción. El Barón de Munchaussen podría acercársele… quizá. Sería interminable nombrar todos ellos, pero baste mostrar como ejemplo a Pierce Brosnan caerse de un acantilado mientras iba montado en moto… y salir de él montado en un avión que también se precipitaba al vacío (los segundos de cambio de transporte en el aire quedan para la historia del asombro cinematográfico).
La serie cuenta con récords tales como ser la franquicia con más películas en la historia del cine, los rodajes con más contratos de publicidad encubierta (en la última entrega este tema es de órdago), o alguno relacionado con acrobacias de especialistas como el realizado en Casino Royale y que supone el conseguir que un coche diera siete vueltas tras un accidente intencionado.
Pero el récord más grande es el de permanecer en la memoria colectiva de nuestra generación, en el de la anterior a la nuestra y seguramente en la de varias generaciones venideras. Pese a no estar registrada en ninguna de sus aventuras, esa y no otra es la mayor de sus innumerables proezas. Felicidades, 007.




















































































































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