BioShock – Primeras impresiones.

En el fondo del mar..MATArile
La demo de BioShock ya está disponible en el bazar de Xbox 360, y una vez saboreada sólo resta decir que estamos en los albores de una obra maestra digital, tan sencillo como contundente y real. El arte, por suerte, abraza de nuevo al videojuego.
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Rapture abre sus puertas

Aunque debería decir que sólo las ha entreabierto. 2K Boston, la anteriormente conocida como Irrational Games, nos ha ofrecido un ligero aperitivo, un pequeño atisbo del festín que nos espera cuando este mes de agosto toque a su fin. El genial Warren Spector inauguró la saga System Shock, y Ken Levine la retomó años después en su segunda parte para acabar de darle forma en su torno de artista y terminar moldeando uno de esos juegos que dejan huella profunda en el alma por su historia, su forma de contarla y sus extraordinarios personajes entre los que brilló con luz propia el mejor malvado del videojuego, S.H.O.D.A.N.

Electronic Arts posee los derechos de la saga, pero no posee las ganas de continuarla, así que Irrational Games, comandados por el insigne Ken Levine, tomó prestado de esta saga mítica aquello sobre lo que nadie posee derechos ni royalties y que paradójicamente hacen grande a las mejores de las obras; el espíritu, la esencia y la genialidad, y con ellos ha llevado a cabo una continuación en esencia, que no en nombre ni en ambientación, que puede llegar a dejar pequeños a sus progenitores ideológicos. Y como nombre a su nuevo retoño le han puesto Bioshock, para que quede constancia de que su nuevo vástago quiere mantener intacto el hálito que dio vida a una de las mejores sagas de videojuegos de PC.

A pesar de que sólo hemos podido rascar en la superficie del juego, lo que pensamos de él se puede decir más alto, pero no más claro. Bioshock tiene todos los visos de ser el mejor juego que hayamos probado en años, así de simple y rotundo, porque juegos como Bioshock pertenecen a la estirpe de los clásicos, de los incunables del videojuego. Sólo los elegidos, y éste lo es, son capaces de trascender más allá de su tiempo y quedar impresos en las retinas y las memorias de los jugadores de todo el mundo como una obra maestra, una magna creación que seremos capaces de recordar en años venideros como un viaje alucinante en el que nos sumergimos como Alicia a través del espejo y que nos mantuvo absortos de principio a fin con todas las virtudes inherentes a las obras de arte. Muy pocos juegos han sabido y podido acrisolar en un solo título tal cantidad de referencias artísticas y hacerlo de una manera tan magnífica. Vamos a ver el por qué de tamaña afirmación.

El nuevo traje del emperador BioShock

El traje con el que han engalanado al que casi seguro se convertirá en el mejor FPS del año 2007, y estando Crysis por medio es decir muchísimo, no es otro que el motor gráfico Unreal Engine 3, el mismo que Epic nos mostró en su monumental Gears of War. Con una afirmación de tal calado es obvio comentar que la cantidad y calidad de efectos que BioShock ofrece es asombrosa, principalmente porque el equipo de Levine es un auténtico dream team del videojuego y saben utilizar de forma sublime una herramienta que no por ser potente te garantiza resultados excelsos. La excelencia sólo está al alcance de los grandes genios creadores, y la antigua Irrational Games ya ha dado muestras más que sobradas de andar excedidos de talento y buen hacer. Los pixels y vertex shaders están usados con una exquisitez delirante, transformando el agua de BioShock en algo casi palpable y real, dan ganas de saltar hacia la pantalla y zambullirte en un océano tan verosímil como impactante; realmente cuesta trabajo pensar que lo que vemos está compuesto de simples unos y ceros, la pura y dura tecnología binaria. Como trabajo cuesta acercarse a las claraboyas que hay por todo el escenario y no llegar a creer a pies juntillas que estamos sumergidos bajo millones de toneladas de agua, gracias a las perfectas distorsiones y refracciones que el motor gráfico ejecuta ante nuestros incrédulos ojos.

No contentos con semejante nivel de perfección acuática, si nos paramos a contemplar otro tipo de fluidos menos prosaicos y más viscerales como la sangre, podremos percatarnos de que su grado de realismo es tal que casi podría decirse que si tocamos el monitor retiraremos los dedos empapados del viscoso fluido rojo; absolutamente alucinante.

La cantidad y calidad de las texturas es abrumadora y el nivel de detalle de los objetos insultante, todo tiene un aspecto tan real, tan bien rematado, que una vez transcurrido un rato moviéndonos por las galerías y habitaciones de la ciudad sumergida de Rapture, podríamos afirmar que Levine y los suyos han basado su juego en una ciudad sumergida completamente real y que se han limitado a reproducirla en 3D. Acompañando a semejante despliegue viene un sistema de iluminación simple y llanamente soberbio, con unos juegos de claroscuros, iluminaciones tenues y acechantes y con una aplicación expresionista (algo que recalcaré más adelante), que te dejan la sangre helada en las venas.

Para acabar de coronar un pastel visual tan exquisito, han trabajado el apartado sonoro hasta límites increíbles. Todos los sonidos que escuchemos son tremendamente reales, variando si suenan en una bóveda o en una habitación cerrada, con infinidad de matices y detalles ambientales de chirridos, crujidos y gorgoteos propios de un universo sumergido en el océano, aderezados con el ruido típico de las compuertas y aparatos mecánicos que nos iremos encontrando en Rapture. Las voces de los personajes en general son soberbias, y afortunadamente dobladas al castellano, y no hacen sino engrandecer y mejorar una ambientación ya de por sí inquietante como pocas.

Lo que BioShock nos hace sentir

Existe un más allá de un motor gráfico extremadamente potente y visualmente impactante, y ese más allá es aquello que no sólo se ve, sino que se siente. Es cierto que BioShock tiene trazos de convertirse en el nuevo techo gráfico de 360, pero BioShock es una obra de arte, y como tal está construido y debe concebirse, pues en nuestra humilde opinión su grandeza artística supera a su enormidad técnica ¿Qué pasaría si metiésemos en una coctelera el cine expresionista de Fritz Lang y Friedrich Wilhelm Murnau, lo mezclásemos con las delirantemente premonitorias historias de Julio Verne y lo aderezásemos con las ambientaciones ominosas de Howard Phillips Lovecraft o Edgar Allan Poe rematado con una pizca de los alocados inventos de Leonardo Da Vinci? Pues probablemente algo parecido a BioShock.

Es puro arte gráfico en movimiento. Los escenarios son una perfecta representación del art decó de principios de siglo XX en simbiosis entre el mecanicismo protocientífico del film Metrópolis de Lang y las increíbles creaciones submarinas del capitán Nemo, llevado a cabo con un grado de detalle, de cuidado por lo más nimeo que llega a impactar sobremanera mucho más allá del efecto gráfico que lo adorna. Su iluminación, llena de contrastes de claroscuros de diferentes fuentes de color recuerdan también al expresionismo de películas como Nosferatu de Murnau o El Gabinete del Doctor Caligari de Robert Wiene, sencillamente sobrecogedor.

A todo este aporte artístico visual hay que añadirle una ambientación desasosegante como pocas, heredera de los agobiantes cuentos cortos de Lovecraft y su terrible miedo al mar y a los avances indiscriminados de la ciencia o de los locos románticos de los relatos de Poe. Cada paso que damos, cada estancia que visitamos, lo hacemos con el corazón encogido, a la espera de encontrarnos con aquello que realmente teme el ser humano, lo desconocido. Y BioShock a fe nuestra que logra con creces ponernos los pelos de punta con personajes y enemigos sacados de una auténtica parada de los horrores víctima de la ciencia y de una mente megalómana.

Si bien BioShock es en esencia un FPS, su acabado, su aspecto y su desarrollo lo llevan más allá, convirtiéndolo en una experiencia vívida, visceral e inolvidable, pues como presumía desde su concepción, ha sabido heredar el desarrollo de la saga que lo inspiró, System Shock, y mezcla como ninguno y en su grado justo los componentes de acción, Rol, aventura e incluso retazos de survival horror.

Si una simple demo provoca reacciones de este calibre, esperaos al juego completo, promete ser una experiencia inolvidable y que recordaremos con el paso de los años.

Bioshock es arte
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